domingo, 11 de marzo de 2007

CHILE Y EL CAMBIO CLIMATICO

Científicos prevén aumento de cuatro grados en Chile para finales de siglo.


El calentamiento global supondrá para Chile un aumento de la temperatura de hasta cuatro grados centígrados entre los años 2071 y 2100, según un estudio difundido hoy por la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA).


Cambios en la pluviometría de importantes zonas agrícolas de este país sudamericano serán también consecuencia del calentamiento terrestre, añade el informe "Variabilidad climática en el territorio chileno en el Siglo XXI".

Los científicos que han elaborado el trabajo, del Departamento de Geofísica y Matemáticas de la Universidad de Chile, utilizaron un modelo meteorológico desarrollado por la Oficina Meteorológica del Reino Unido, conocido como PRECIS y usado en 60 países.

El estudio fue encargado en 2005 a la Universidad por la CONAMA, dijo en una rueda de prensa la directora ejecutiva de este organismo gubernamental, Ana Lya Uriarte.
La funcionaria explicó que se consideraron dos variables: temperaturas y lluvias, que se proyectaron en dos escenarios posibles, uno moderado y otro severo. Añadió que, según el informe, en el período indicado las temperaturas subirán "de todas maneras" en todo el territorio chileno, de 4.200 kilómetros de largo y con climas variados, desde el norte desértico al mediterráneo en la zona central y uno muy lluvioso en la austral.

En un escenario moderado, lo harán entre uno y tres grados, mientras que en el más severo considerado el aumento será de dos a cuatro, con las mayores subidas localizadas en el desértico norte grande, el más templado norte chico y las zonas andinas.En cuanto a las lluvias, se incrementarán durante la primavera y el verano australes (septiembre-marzo) en el denominado norte grande, mientras que en el norte chico, más cercano a Santiago de Chile, aumentarán en invierno (junio-septiembre).

En la zona central del país, la más importante para la producción agrícola, vitivinícola e industrial, las lluvias disminuirán en verano y otoño (diciembre-junio), mientras que en el sur decrecerán en verano.En el extremo austral chileno, donde está el estrecho de Magallanes, las lluvias aumentarán durante todo el año, dijo Ana Lya Uriarte. Agregó que hacia finales del presente siglo el nivel del mar en las costas de Chile subirá entre 16 y 28 centímetros, en un escenario severo, y entre 14 y 24 centímetros en uno más moderado.

Uriarte indicó que, ante ese panorama, el gobierno chileno desarrolla "un plan de acción" para afrontar los cambios del clima.Se trata, explicó, de un plan multidisciplinario, en el que están involucrados muchos organismos gubernamentales, para ver qué medidas tomar en las distintas regiones del país."Llevamos más de diez años trabajando el tema del cambio climático y su relación con Chile.

Hoy disponemos de una información técnica rigurosa", aseguró, aunque matizó que "aún es prematuro señalar cuáles son los efectos que vamos a ver en cada una de las regiones"."A finales del siglo observaremos las mayores diferencias, debemos adaptarnos a esta nueva realidad que vamos a vivir", expresó Uriarte, que llamó a asumir "con rigurosidad y serenidad" el resultado del informe.

Recordó que Chile ha estado preocupado por este problema desde hace mucho tiempo y ha participado en iniciativas como la convención sobre cambio climático, en 1994; la creación de un comité asesor en la materia, la elaboración de una estrategia nacional y la ratificación del protocolo de Kioto.
Febrero, 2007


Un mecanismo de amplificación del cambio climático


En los últimos 90.000 años, se alternaron períodos calientes y fríos de algunos millares de años, implicando una modificación de la circulación oceánica global.

Con ayuda de indicadores paleo climáticos y oceanográficos, investigadores del CEREGE pusieron en evidencia un mecanismo de intercambio entre la circulación oceánica sobre el clima, que refuerza el recalentamiento o el enfriamiento.

Este mecanismo se basa en un estrecho vínculo entre la circulación Atlántica Septentrional y la hidrología tropical de Centroamérica. Estos trabajos, publicados en la revista Nature del 22 de Febrero, permitirán comprender mejor, y en consecuencia, prever mejor, los efectos del cambio climático sobre la circulación oceánica.

Anteriormente, las variaciones climáticas rápidas y de gran amplitud que tuvieron lugar, en particular, durante la última glaciación perturbaron la circulación oceánica. Los archivos climáticos (sedimentos marinos y lacustres, hielos polares, estalagmitas), muestran la estrecha relación existente entre variaciones climáticas y circulación oceánica.

Ahora bien, los cambios de circulación oceánica en el Atlántico Norte tienen una influencia a escala planetaria, afectando en particular al ciclo del agua : se acompañarían de un desplazamiento del Ecuador climático que separa los sistemas de alisios de los dos hemisferios, hacia el sur en acontecimientos fríos y hacia el norte en acontecimientos calientes.

Centroamérica desempeña un papel clave en este sistema. Del lado del Atlántico, las aguas de superficie se evaporan, lo que aumenta su salinidad. El vapor de agua es transferido por los alisios hacia el Pacífico, donde vuelve a caer en forma de lluvia, disminuyendo la salinidad. Esta enorme transferencia de agua (varios centenares de millares de metros cúbico por segundo) mantiene un contraste de salinidad entre los dos océanos. Las aguas de superficie del Atlántico tropical se transportan a continuación, vía la Corriente del Golfo, hacia las altas latitudes, donde calefacción la atmósfera, antes de hundirse hacia los abismos en zonas de convección situadas en los mares de Noruega, Groenlandia y Labrador. Las aguas profundas así formadas van a continuación a propagarse en el océano, purgando el Atlántico Norte de una parte de su exceso en sal.

Los investigadores del CEREGE reconstituyeron las variaciones de salinidad de las aguas de superficie, en la zona de depósito del vapor de agua procedente del Atlántico. Para eso, trabajaron sobre las medidas realizadas en los sedimentos marinos tomados en 2002 al oeste del Istmo de Panamá, por el buque oceanográfico francés Marion Dufresne.

Este estudio pone de manifiesto que los períodos fríos de Heinrich corresponden a aumentos de salinidad en la zona Este Pacífico, sinónimo de una reducción de la transferencia de vapor de agua. Al comparar sus resultados a otros estudios realizados en el sector Atlántico y en Sudamérica, los investigadores pusieron de relieve un mecanismo de intercambio de información que amplió la perturbación climática.

En los episodios fríos, los alisios encargados de humedad emigraron hacia el sur; no pudiendo cruzar la Cordillera de los Andes, una parte de las lluvias que el Pacífico normalmente ablandaban Este se depositó sobre la cuenca que pagaba del Amazonas. Este intercambio de información tuvo como efecto reinjectar las aguas de lluvia en el Atlántico y de disminuir así la salinidad de las aguas de este océano Estas aguas transportadas a continuación hacia las altas latitudes pues contribuyeron al debilitamiento de la circulación oceánica profunda, reforzando aún el enfriamiento arriba y alrededor del Atlántico Norte.

En la actualidad, el hecho de que el recalentamiento climático pudiera perturbar el ciclo del agua e inducir una disminución de la circulación Atlántica Septentrional es un verdadero tema de inquietud. Los datos oceanográficos de los 50 últimos años sugieren que cambios hidrográficos (temperatura y salinidad) así como una disminución del flujo de agua transportado por algunas corrientes marinas, en superficie y en profundidad, ya se produjeron en Atlántico Norte. El riesgo de una variación aún más importante de la circulación oceánica a escala del final del siglo, o del principio del próximo siglo, debe tomarse seriamente y estudiarse activamente.
Fuente: CNRS



(Ver figura 1)
Anomalía media de las lluvias simulada por los modelos después de un hundimiento de la circulación oceánica profunda (aumento en azul, disminución en roja). La flecha en punteados representa el transporte actual del vapor de agua. Las flechas llenas indican el transporte múltiple (alisios - > ríos - > corrientes marinas) durante la anomalía climática. Las cruces localizan los lugares de estudios paléoclimatiques. Foto: © G. Leduc - CNRS

Calentamiento se debe al Sol y no al "efecto invernadero", dice experto ruso

Moscú - El calentamiento global del planeta se debe en mayor medida a la actividad del Sol y no al "efecto invernadero" producido por la civilización, afirmó hoy el director del Observatorio Astronómico de San Petersburgo, Jabibuló Abdusamátov.


"El calentamiento global es resultado de la elevada y prologada actividad solar que tuvo lugar la mayor parte del pasado siglo y no se debe al efecto invernadero", dijo el científico a la agencia rusa Ría-Novosti.
En contra de la opinión de la mayoría de las organizaciones ecologistas, el científico ruso afirmó que la actividad industrial no influye de manera determinante en el clima del planeta, que en el transcurso de los siglos ha experimentado períodos de calentamiento y enfriamiento."La gente no está en condiciones de influir en el calentamiento global de la Tierra, que después de un período de calentamiento siempre experimenta otro de enfriamiento", afirmó Abdusamátov.

Según el científico, el elevado nivel de energía solar que llegó a la Tierra durante el siglo pasado comenzó a descender en la pasada década de los años 90 y en consecuencia, paulatinamente se ha detenido el gradual calentamiento de las aguas de los océanos."Entre los años 2012 y 20015 la temperatura global de la Tierra comenzará un lento descenso, que alcanzará los niveles mínimos entre 2055 y 2060", pronosticó.

Explicó que ese enfriamiento será similar al que se observó entre 1645 y 1715 y que afectó a Europa, Norteamérica y Groenlandia y que coincidió con una disminución de la actividad solar, periodo en el que se congelaban ríos europeos como el Támesis y el Sena.Añadió que ese período de enfriamiento durará al menos 50 años y que para el siglo XXII la Tierra comenzará de nuevo otra fase de calentamiento global. Enero, 2007

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