miércoles, 10 de octubre de 2007

CAMBIO CLIMATICO EN CHILE

El Cambio Global de Origen Antrópico.

Históricamente, el hombre ha tenido un papel menor en el manejo de los flujos de materia en los ecosistemas y en la transformación de los paisajes. Hoy esto ya no es así; el hombre se ha convertido en una especie "clave", un agente de transformación ecosistémica a nivel planetario al perturbar todos sus componentes, si bien las transformaciones de la biosfera no son siempre equivalentes en sus distintas regiones. Estas diferencias geográficas podrán llevar a pensar que se trata de un conjunto de problemas separados, sólo nacionales o regionales, pero con ello se negaría la globalidad de las transformaciones, lo cual dificultaría su comprensión y eventual solución. Sabemos que los ecosistemas se alteran de distintos modos cuando son perturbados por el hombre, y que no existe un principio que asegure su sustentabilidad.
Es decir, no se ha descubierto ningún principio o ley que asegure que los ecosistemas tolerarán nuestras perturbaciones sin degradarse. Baste recordar la desertificación como caso extremo y ejemplar, que los chilenos hemos producido tanto en las zonas áridas del Norte Chico como en las zonas boscosas de Coyhaique.

En el pasado, las alteraciones antrópicas fueron menores y más espaciadas, y la influencia humana no revistió mayor importancia. Ahora, las perturbaciones ocurren a gran escala en todas partes y en todos los componentes del ecosistema Tierra. Han dejado de ser independientes entre sí y pasado a formar parte de un solo gran fenómeno de escala planetaria. Debido a la globalización de la economía, los grandes volúmenes involucrados, el aumento de las distancias entre los centros de producción y demanda de productos, y la integración casi fisiológica que ha mostrado la biosfera, se ha desencadenado un proceso de cambio totalmente nuevo que tratamos de entender para poder guiar, mitigar o evitar sus consecuencias negativas.

El cambio global se refiere a todos los cambios que se están produciendo en forma más o menos simultánea en todo el planeta, tales como: El aumento de la población humana y su presencia en toda la biosfera, los cambios en el uso humano de la superficie y atmósfera planetarias, las alteraciones en los flujos de sustancias y elementos químicos, el aumento en las concentraciones urbanas. Todos estos síntomas podemos reconocerlos en Chile, y este capítulo intenta mostrar que estos cambios locales son parte de un fenómeno planetario.
El cambio global nos afecta, estamos inmersos en él. Lo que se describe en este libro no son sólo problemas chilenos, sino parte de fenómenos globales que están dando de una u otra forma en todo el planeta, y cuyo factor común es la presencia del hombre y las transformaciones profundas que está introduciendo en la filosofía planetaria. Los cambios no sólo son muy rápidos sino además novedosos desde el punto de vista biológico y cultural; los entendemos sólo parcialmente y estamos todos casi igualmente faltos de herramientas conceptuales y tecnológicas para enfrentarlos.


La Población Humana y su Impacto Ambiental

Uno de los fenómenos más complejos de interpretar en relación con el cambio global es el de la población humana. La especie humana ha experimentado durante los últimos miles de años, y especialmente en los últimos 500, un crecimiento y cambios sin precedentes en su distribución poblacional. El aumento poblacional ha ocurrido en casi todos los países, pero especialmente en los del Tercer Mundo, incluido Chile.
Una misma cantidad de población humana, incluso una misma densidad, puede tener efectos ambientales muy distintos, dependiendo de sus relaciones en el entorno. Tecnología mal aplicada o exceso de demanda por sobre lo que el ecosistema es realmente capaz de tolerar, pueden tener efectos de transformación de tipo degradativo. La historia ecológica de Chile nos enseña que éste es el origen de parte de la degradación ocurrida con algunas especies, paisajes, acuíferos, lagos, ríos, etc. La degradación ambiental es equivalente, desde el punto de vista ecológico, a una reducción de la superficie y del potencial natural del país y, por lo tanto, debe ser una preocupación fundamental de toda la población.

Una población con economía de subsistencia, sin acceso a oportunidades de tecnología y crédito, puede tener efectos desbastadores sobre el ambiente al generar una degradación progresiva del entorno en su intento por sobrevivir a expensas de un medio que cada año tiene menos capacidad de sustentarla. En Chile se conocen casos de este tipo, y aún hoy tenemos un porcentaje considerable de población que no ha sido adecuadamente absorbida por los centros industriales, y vive desde el Norte Chico a los bosques del sur en una economía de supervivencia que lenta e imperceptiblemente va degradando aún más los recursos de paisaje.

La población humana no debe ser vista sólo como número de personas que alimentar y educar, como recurso, sino también por su efecto sobre el ambiente. Una evaluación del impacto humano sobre la biosfera debe considerar el efecto total producido y compararlo con la capacidad del ecosistema para tolerar el tipo y la cantidad de presión antrópica ejercida en las condiciones tecnológicas actuales. Son estas presiones las que producen degradación.
En el futuro puede que ambos factores cambien, pero también es posible que la degradación ya se haya producido. El Norte Chico, por ejemplo, fue degradado (desertificado) en momentos en que nuestra percepción y tecnología eran muy diferentes. Es posible que hoy, enfrentados a la misma situación, no permitiríamos los usos no sustentables que en está época le hicieron, o propiciaríamos escenarios de uso muy distintos. Ahora el daño está causado y el ambiente ya ha sido degradado. La recuperación de esas enormes superficies es casi imposible económicamente, ya que existen otras urgencias que estarán siempre presentes.
Si bien podemos ponerle precio a unas hectáreas desertificadas, es difícil evaluar qué precio tiene para Chile la degradación del Norte Chico. Desde el punto de vista de capacidad de sustentación de población humana, el cambio del Norte Chico ha significado ciertamente una reducción de ella. Sabemos que las capacidades de sustentación de las distintas zonas del país son diferentes, y para cada zona deben investigarse tanto los efectos ambientales producidos por la población existente como los esperables por la población proyectada en caso de continuar el tipo de relación con el ambiente.
Si existe degradación ambiental, aunque la densidad humana parezca baja comprada con la de otras partes del país o del planeta, se deben investigar sus causas y determinar los cambios necesarios. Debido a que los cambios ambientales pueden ser de difícil reversibilidad, como con la desertificación, o imposibles de recuperar, como cuando se extinguen especies, es importante que los cambios correctivos se lleven a cabo en un plazo suficientemente corto como para no seguir degradando el potencial natural de una zona. No es el propósito de este capítulo detallar todos los problemas globales, pero sí describir la dinámica general en que estamos insertos, permitiendo contextualizar los problemas ambientales descritos en otros capítulos. A continuación nos referimos a algunos de estos problemas.

El Efecto Invernadero

Unos de los cambios que el hombre está produciendo es sobre la composición de la atmósfera, y una parte de él alude a la disminución del gas ozono y sus posibles consecuencias sobre los organismos. Este cambio es producido por los denominados gases con efecto invernadero, tales como: anhídrido carbónico (CO2), metano, cloruflurcarbonos y vapor de agua. Como es sabido, estos gases tienen la capacidad de permitir el paso de la radiación solar incidente y, he aquí el problema, impedir el paso de la radiación reflejada por la superficie del planeta, atrapando la energía y produciendo su calentamiento.
Evidentemente, en la medida que aumenta la concentración de estos gases en la atmósfera mayor es su calentamiento. Es importante notar que el efecto invernadero es un fenómeno natural, no es nuevo en la historia del planeta, y se llama así por analogía con el calentamiento que se produce en los invernaderos como consecuencia de un fenómeno similar que atrapa el calor. Por ello la temperatura de la Tierra es de 32º C más alta de lo que sería sin gases invernadero, y la temperatura promedio de los planetas Venus, Tierra y Marte coincide con la calculada sobre la base de este efecto.
No debe entonces sorprender que al aumentar la concentración atmosférica de los gases invernadero en la Tierra, como consecuencia de algunos procesos industriales, quema de los bosques y otros, aumente la temperatura. De hecho, se sabe que, al menos en los últimos 160.00 años, ha habido una buena correlación entre la temperatura del planeta y la concentración de gases invernadero. En consonancia con estas observaciones, desde comienzos de la Revolución Industrial la concentración de CO, atmosférico ha aumentado de 280 a 350 partes por millón (un 25%), y el incremento térmico medido ha sido de cerca de 0,5º C.

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