martes, 7 de octubre de 2008

                                                         Edificio Eastgate 
                                               - Imagen: Damián Farrell -

Los ejemplos de diseños basados en sistemas naturales son cada vez más diversos, y en algunos casos espectaculares. El sistema de ventilación del edificio Eastgate, ubicado en Harare (Zimbabwe) se basa en los montículos de las termitas Macrotermes Michaelseni, que mantienen estable la temperatura interior de sus nidos a pesar de las variaciones térmicas extremas del exterior. Diseñado por el arquitecto Mick Pearce, en colaboración con ingenieros de la empresa Arup, esta construcción utiliza sólo el 10% de la energía que necesita un edificio convencional de su mismo tamaño, lo que le ha permitido ahorrar en sus cinco primeros años más de dos millones y medio de euros en aire acondicionado. 

En este sentido, las termitas están proporcionando buenas pistas a los científicos. El investigador de la Universidad inglesa de Loughborough, Rupert Soar, dirige el proyecto Termes, que proporciona imágenes en 3D de gran precisión de los termiteros, con el objetivo de saber mejor cómo mantienen la temperatura y regulan la humedad. 

El potencial futuro es enorme, ya que esta simbiosis entre biología y tecnología sólo se ha aprovechado hasta ahora en un 10% 

Por otra parte, el arquitecto Eugene Tsui diseñaba una casa en Berkeley, California, inspirada en la médula de las gaviotas y en las estructuras capilares de dos dinosaurios. Por su parte, el equipo de arquitectos de Grimshaw cubría la Terminal Internacional Waterloo en Londres con paneles de vidrio que simulaban las escamas de las serpientes. 

Asimismo, los diseños basados en la biomímica le han servido a más de un arquitecto para ganar proyectos en los que la sostenibilidad y la ecología eran indispensables. Por ejemplo, Roger Frechette ha diseñado un rascacielos, la Pearl River Tower, para la ciudad china de Guangzhou (Cantón). Esta torre, cuya finalización se prevé en 2009, se basa en las esponjas de mar para aprovechar más eficientemente el viento y el sol, de manera que pueda ahorrar hasta un 60% de energía. 

Súper pegamento de mejillón 

La arquitectura no es la única disciplina en imitar la naturaleza. Científicos de la Universidad del estado de Pennsilvania han desarrollado unas alas para aviones que cambian de forma dependiendo de la velocidad y duración del vuelo, basándose en ciertas especies de aves que utilizan este sistema para realizar vuelos más eficientes. El biólogo de la Universidad de Oxford Andrew Parker ha estudiado un escarabajo que vive en el sofocante desierto de Namibia. Para aguantar el calor, este insecto está cubierto de unos parches alternos de cera que le permiten aprovechar las gotas de agua. Por ello, este sistema puede ser utilizado en materiales para recoger el agua en condiciones de aridez. 


                                                                         Termitero 
                                                     - Imagen: Dustin M. Ramsey -

Los moluscos también han inspirado varios diseños. La empresa estadounidense PAX Scientific ha creado varios modelos de hélices, ventiladores e impulsores basados en la piel de estos invertebrados, cuya especial forma les permite aprovechar los líquidos y gases con menos fricción y más eficientemente. Así, los expertos de esta empresa han conseguido reducir hasta en un 85% las necesidades energéticas y el ruido hasta en un 75%. 

Por otra parte, biólogos del Laboratorio Nacional de Ingeniería y Medio Ambiente de Idaho (EEUU) han clonado cinco proteínas de mejillón para desarrollar un adhesivo natural resistente al agua. Los mejillones producen una resina con propiedades adhesivas que no desmerecen en nada a cualquier súper pegamento comercial. 

En Medicina, la biomímica se utiliza para reemplazar o mejorar partes del cuerpo con versiones mecánicas, como los implantes cocleares para personas sordas. Asimismo, Kwabena Boahen, profesor de la Universidad de Pensilvania, desarrolló una retina artificial que procesaba imágenes de la misma manera que las naturales. En la actualidad, Boahen se encuentra en la Universidad de Stanford trabajando en un proyecto de cerebros artificiales. 

Por su parte, el sónar de los murciélagos ha servido por ejemplo a la empresa británica Sound Foresight para crear un bastón que permite a los invidentes desplazarse de forma más sencilla y segura. 

En otras ciencias aplicadas, la biomímica tiene también muchas posibilidades. Greg Parker, profesor de Electrónica y Ciencias Informáticas de la Universidad de Southampton, y el investigador Luca Plattner han reproducido los mecanismos físicos y las nanoestructuras que permiten a las alas de las mariposas tener colores tan brillantes. Las aplicaciones de esta investigación en campos como la optoelectrónica o las telecomunicaciones pueden ser múltiples. 

Por su parte, Julian Vincent, profesor de biomimética en la Universidad inglesa de Bath desarrolló en 2004 una ropa inteligente que se adapta a los cambios de temperatura basándose en las piñas. La industria del automóvil tampoco se ha quedado al margen: Por ejemplo, Mercedes-Benz presentó en 2006 un "coche biónico", cuya extraordinaria resistencia y aerodinámica se basan en un pez tropical, el Ostracion Cubicus, conocido como pez cofre. 

Asimismo, las Ciencias del Espacio también pueden sacar rendimiento a diseños biológicos. En este sentido, la Agencia Espacial Europea cuenta con un equipo de investigadores en Biomimética para aplicar soluciones a las misiones espaciales. 

Nombres propios de la Biomímica

Los orígenes modernos de la Biomímica, también conocida como Biomimética o Biónica, suelen atribuirse al ingeniero Richard Buckminster Fuller. Por su parte, el posterior desarrollo conceptual correspondería a la científica Janine Benyus, que en 1997 publicaba el libro de referencia "Biomimicry: Innovation Inspired by Nature". Años más tarde, la investigadora creaba, junto a Dayna Baumeister, la Biomimicry Guild, un grupo de científicos que, además de investigar, ofrecen formación y consultoría sobre estos sistemas, e incluso ofrecen millones de dólares a quienes resuelvan lo que llaman "los diez desafíos de la sostenibilidad". 

No obstante, la idea de imitar la naturaleza no es nueva. En la antigüedad, conscientemente o no, diversas creaciones humanas tenían tras de sí una fuerte inspiración natural. El genial Leonardo da Vinci desarrolló varios modelos de máquinas voladoras y barcos con un claro referente biológico. En épocas más recientes, por ejemplo, el inventor Percy Shaw creó en 1935 los reflectores de ojo de gato tras descubrir que estos felinos poseen un sistema de células que reflectan el más mínimo rayo de luz. Por su parte, el ingeniero suizo George de Mestral inventó en 1948 el velcro tras observar cómo los ganchos de las semillas se agarraban al pelo de su perro. 

En cualquier caso, el potencial de estos sistemas es enorme. Según el profesor Vincent, tan sólo se ha aprovechado hasta ahora el 10% de las posibles simbiosis entre biología y tecnología en términos de mecanismos utilizados.

Algas como combustible

Diversas empresas y grupos de investigación trabajan para desarrollar un biocombustible basado en algas que sustituya al petróleo

Los coches "movidos" por algas podrían no ser tan raros en los próximos años. Diversas empresas y equipos de investigación en todo el mundo proponen sistemas experimentales que extraen hidrógeno o aceite para biodiésel de estos organismos, y que incluso eliminan de paso el contaminante dióxido de carbono (CO2) emitido en las centrales eléctricas. No obstante, los científicos todavía tienen que hacer frente a diversos desafíos que permitan a estos biocombustibles basados en algas ser competitivos frente a los combustibles fósiles. 

Hidrógeno y biodiésel de algas

La idea de utilizar algas como combustible ecológico no es nueva. En 1978, en plena crisis petrolífera se creaba en Estados Unidos el "Programa de Especies Acuáticas". En 1996, y tras 25 millones de dólares (unos 17 millones de euros) invertidos, se ponía fin al proyecto ante los escasos resultados. Sin embargo, un petróleo cada vez más caro y escaso y la creciente relevancia dada a las energías renovables han despertado de nuevo el interés por las algas. 


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