martes, 7 de octubre de 2008

- Imagen: John Marchan -

Asimismo, las luces LED en un semáforo se ven mejor por varios motivos. Al aprovechar mejor la energía, pueden ofrecer una mayor intensidad lumínica. Además, los discos llevan una gran cantidad de puntos de luz, por lo que se ven de forma más contrastada y uniforme. De esta manera, se evita el peligroso "efecto fantasma" de los semáforos convencionales, por el que parece que todas las luces están encendidas cuando los rayos del sol inciden sobre ellas. 

Otro aspecto importante es su alta duración y menor necesidad de mantenimiento. Por un lado, al estar constituidos por varios puntos de luz, aun cuando se funda un diodo, el semáforo seguirá funcionando con una escasa pérdida de luminosidad. En el caso de los semáforos con bombillas incandescentes o halógenas, si se funden, el semáforo ya no funciona, con riesgo añadido de cortocircuito. 

Mientras la vida útil de una lámpara incandescente/halógena es de unas 5.000 horas, el LED puede funcionar durante 100.000 horas 

Por otro lado, mientras la vida útil de una lámpara incandescente/halógena es de unas 5.000 horas, el LED puede funcionar durante 100.000 horas, es decir, 20 veces más, según el IDAE. Los fabricantes aseguran un mínimo de cinco años de duración frente a los seis meses de las bombillas convencionales y una escasa pérdida de luminosidad (después de 10.000 horas sólo bajan entre un 5 y un 10%). 

El sistema de montaje y alimentación de los puntos de luz también es ventajoso, al ser más fiable ante variaciones en el suministro, como las temidas subidas de tensión. Por otra parte, su incorporación a un semáforo convencional es sencilla, ya que se cambia el foco de la lámpara antigua por la placa que lleva todo el dispositivo LED. 

El aspecto estético también es otro aspecto a favor de la tecnología LED. La pixelización de los diversos puntos de luz permite efectos de animación, como el movimiento del muñeco verde o el cronómetro numérico que avisa de los segundos que restan para la luz roja. 

Por ello, cada vez más municipios cuentan con alguno de estos nuevos semáforos, lo que ha permitido comprobar sus ventajas, y que el sector de fabricantes y proveedores vaya madurando. No obstante, su mayor inconveniente es su todavía elevado precio. Los responsables del IDAE calculan que, si bien la inversión se amortiza en menos de ocho años, los ayuntamientos se ven muy limitados para disponer de la suficiente cuantía económica. 

No obstante, los expertos aseguran que su desarrollo tecnológico permitirá su generalización en poco tiempo. Por ejemplo, la empresa estadounidense LED Lighting Mixtures anunciaba recientemente unas luces LED el doble de eficientes que las actuales de su gama. 
Semáforos solares y reutilizados

Aunque el primer control lumínico de tráfico (con luces de gas) empezó en Reino unido en la década de los 60 del siglo XIX, no fue hasta 1918 cuando una ciudad, Nueva York, instaló semáforos como los que podemos ver en la actualidad. Desde aquel entonces hasta ahora, pocas innovaciones importantes se han incorporado a su fabricación. No obstante, esta situación está cambiando con la implantación de sistemas ecológicos y de ahorro energético. 


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