sábado, 18 de julio de 2009


Reflexiones sobre cambio climático y desarrollo

Enviado por Silvia García

El calentamiento global es un hecho indiscutible. Las temperatura media del planeta ha aumentado en 0,7° C desde el comienzo de la era industrial (aproximadamente año 1760) y la tasa de aumento se está acelerando. Por otra parte, hay suficientes pruebas científicas que demuestran que dicho aumento está vinculado con los gases de efecto invernadero emitidos por el hombre.

Se ha estimado como umbral de un cambio climático peligroso el aumento del orden de 2° C de la temperatura con respecto a la era preindustrial. Este umbral define en términos muy generales el punto en el cual se tornarían inevitables catástrofes ecológicas irreversibles que acarrearían un rápido retroceso en materia de desarrollo humano principalmente en los países en desarrollo. Obviamente, es imposible trazar una línea absoluta que separe el cambio climático “peligroso” del “seguro”, ya que hoy por hoy muchos de los habitantes más pobres del mundo y los sistemas ecológicos más frágiles están siendo obligados a adaptarse al cambio climático peligroso. El ritmo actual de aumento de las temperaturas es 0,2° C cada 10 años, por lo que de seguir así, pronto alcanzaremos este comprometido umbral.


Durante el siglo pasado, los errores de los líderes políticos del momento desencadenaron dos guerras mundiales y millones de personas murieron en conflictos que se podrían haber evitado. El cambio climático es la catástrofe posible de evitar de nuestro tiempo, el cual se cebará con dos grandes grupos que en este momento no pueden defenderse: los pobres del mundo y las generaciones futuras. En el mundo de hoy, son los pobres los que llevan el peso del cambio climático, pero en menos de un siglo, será toda la humanidad, incluyendo nuestros hijos y nietos, la que deberá enfrentarse a los riesgos asociados al calentamiento global.

Los países desarrollados, donde vive el 15% de la población mundial, aportan casi la mitad de las emisiones de dióxido de carbono, por ello son estos países los que deben asumir el liderazgo, ya que tienen la responsabilidad histórica del problema del cambio climático. Además, son los que cuentan con los recursos financieros y tecnología para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Entretanto, son los países en desarrollo y sus ciudadanos son quienes están ya sufriendo las consecuencias del cambio climático. Fenómenos como la creciente exposición a sequías, tormentas más intensas, inundaciones y crisis alimentarias están frenando los esfuerzos de desarrollo de los países más pobres.

El cambio climático ha demostrado que cuando los europeos encendemos la calefacción o conducimos nuestros coches, estas acciones tienen consecuencias que nos vinculan con las comunidades rurales de Bangladesh, los campesinos de Etiopía y los habitantes de los barrios marginales de Haití. De la mano de estos vínculos humanos vienen las responsabilidades morales, entre ellas la responsabilidad de reflexionar y cambiar aquellas políticas energéticas que causan daño a los demás seres humanos y a las futuras generaciones.

El dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero permanecen en la atmósfera durante mucho tiempo. Las personas que vivan durante los primeros años del siglo XXII deberán convivir con las consecuencias de nuestras emisiones actuales, tal como nosotros estamos ahora viviendo las consecuencias de las emisiones desde la revolución industrial. A día de hoy, incluso las medidas de mitigación más exigentes no podrían resultar en disminución de la temperatura hasta mediados de 2030, ya que las las temperaturas máximas no esperan ser alcanzadas hasta 2050. Por lo tanto, el mundo entero y particularmente los más pobres deberán convivir durante la primera mitad del siglo XXI con un cambio climático el cual ya estamos empezando a sentir. Cada año de atraso en lograr acuerdos para reducir las emisiones implica más gases de efecto invernadero que se suman a lo ya acumulado, consolidando con ello temperaturas más altas en el futuro.

El no hacer nada garantiza el avance hacia una mayor acumulación de gases de efecto invernadero y hacia un colapso ecológico que mermará la capacidad de desarrollo de los países más pobres.


Para evitar el cambio climático peligroso los países desarrollados deberían reducir sus emisiones en por lo menos 80% para el 2050, con objetivos de reducción de un 30% para el año 2020. Se ha estimado que hasta el 2030, el costo anual promedio de estas reducciones seria del 1% del PIB mundial, lo que representa menos de dos terceras partes del gasto militar mundial (se estima que el gasto militar mundial esta entre 5% y 20% del PIB mundial, dependiendo de cómo se calcule este gasto). Los costos de no actuar expondrían al mundo en una recesión que podría alcanzar un costo del 20% del PIB mundial.


Si todos los habitantes del mundo en desarrollo dejaran la misma huella ecológica que el habitante promedio de Alemania o el Reino Unido, las actuales emisiones mundiales superarían cuatro veces el límite definido en el Protocolo de Kyoto. Esta cifra aumentaría a nueve veces si la huella per cápita de los países en desarrollo fuera similar a los niveles vigentes en Estados Unidos o Canadá. Estos países no solo no han reducido las emisiones de dióxido de carbono desde 1990 (año de referencia para las reducciones acordadas en el marco del Protocolo de Kyoto), sino que las han aumentado considerablemente. No todos los países desarrollados ratificaron los objetivos del Protocolo y de los que lo hicieron, pocos pueden sostener que han reducido las emisiones como consecuencia de haber asumido el compromiso político de mitigar el cambio climático.


Además, el Protocolo de Kyoto no estableció restricciones a las emisiones de los países en desarrollo países como China y La India han aumentado dramáticamente sus emisiones en los últimos años, basadas en la quema de carbón, una de los combustibles más contaminantes.

A día de hoy, enfrentar el problema del cambio climático requiere actuar en dos frentes. En primer lugar, el mundo necesita con urgencia reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Los países industrializados deben comprometerse con mayores niveles de reducción de las emisiones y los países en desarrollo deben disponer de incentivos para basar su desarrollo usando fuentes energéticas renovables y no contaminantes. La segunda necesidad mundial es la adaptación. Muchos países, especialmente las naciones en desarrollo más vulnerables, necesitan ayuda para mejorar su capacidad de adaptación. También es necesario un mayor impulso de nuevas tecnologías que hagan frente al cambio climático, universalizar el acceso a las energías renovables disponibles y promover la rápida difusión de la tecnología entre países pobres e industrializados.


El cambio climático es diferente de los demás problemas que enfrenta la humanidad y nos reta a cambiar nuestra forma de pensar de muchas maneras. El cambio climático amenaza a toda la humanidad y solo se podrá atajar si todos los países del mundo luchan juntos, porque este cambio es el único problema al que nos enfrentamos todos, sin excepción, ya que todos compartirnos el Planeta Tierra.

Estas reflexiones y datos han sido sacadas del Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008. La lucha contra el cambio climático: solidaridad frente a un mundo dividido, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

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